El contexto del día a día
Cuando un adolescente tiene una fractura, una cirugía o una lesión deportiva, todo el mundo pregunta por la pierna. Pero, después de unos días usando muletas, muchas veces el verdadero problema ya no está ahí. Empiezan a doler los brazos.
Porque cada paso significa volver a apoyar el peso sobre el mismo punto. Y la piel se irrita, aparecen rozaduras, heridas... Y sujetar las muletas durante media hora puede resultar casi tan incómodo como la propia lesión.
Esto también ocurre en jóvenes con parálisis cerebral, espina bífida, enfermedades neuromusculares u otras condiciones que hacen necesario utilizar muletas durante largos periodos.
Cuando los brazos empiezan a doler, algunas personas apoyan peor el peso, cambian la forma de caminar o intentan utilizar menos las muletas de lo que realmente necesitan. A veces una mejora muy pequeña puede hacer mucho más llevadero todo el proceso de recuperación.
¿Cómo es este recurso de apoyo?
Se trata de un pack de dos fundas acolchadas para las empuñaduras de muletas de antebrazo. Están fabricadas en neopreno e incorporan una pieza interior de espuma de silicona que amortigua parte de la presión ejercida sobre el antebrazo.
Se fijan mediante correas de velcro, lo que permite colocarlas sin desmontar la empuñadura de la muleta, y ayudan a mantener un agarre más cómodo. No modifican la estructura de la muleta ni aumentan su estabilidad. Su función es hacer más confortable un apoyo que se repite cientos o miles de veces al día.
Además, permiten mantener las manos libres para manipular otros objetos o atender el teléfono móvil, sin tener que soltar las muletas, hacer malabares ni tener que preocuparse por si se caen al suelo.
Eso sí: antes de comprarlas conviene comprobar las medidas de la empuñadura, ya que no son compatibles con todos los modelos de muletas.