El contexto del día a día
Utilizar muletas no solo dificulta caminar. También hace que cualquier tarea sencilla necesite una estrategia: sacar el móvil del bolsillo, abrir una puerta, pagar en una tienda, coger una botella, buscar las llaves dentro de la mochila...
En una muleta convencional, para utilizar la mano hay que soltar la empuñadura. En cuanto se hace, la muleta queda inestable: hay que sujetarla entre el brazo y el cuerpo, apoyarla contra una pared o confiar en que no resbale y termine en el suelo.
Y cuando cae, aparece otro problema. Hay que agacharse para recogerla precisamente cuando una pierna está lesionada, existe poca estabilidad o la persona necesita la propia muleta para mantenerse en pie.
En adolescentes y adultos jóvenes, esta dificultad se repite continuamente: en el instituto, en la universidad, durante la rehabilitación, al utilizar el transporte público o simplemente al atender el móvil o al contestar un mensaje.
La funda cerrada de antebrazo KMINA está diseñada para que el apoyo permanezca unido al brazo aunque se abra la mano. No convierte la muleta en un dispositivo completamente manos libres para caminar. Pero permite liberar la mano durante unos instantes sin que la muleta caiga, se aleje o tenga que sujetarse haciendo malabares.
¿Cómo es este recurso de apoyo?
La KMINA PRO es una funda cerrada para el antebrazo fabricada en neopreno. En lugar del típico brazalete semicircular situado cerca del codo, se trata de una funda acolchada sobre la que descansa el antebrazo. De esta forma, mantiene la muleta unida al usuario y permite soltar momentáneamente la empuñadura sin que la muleta se separe del brazo.