El contexto del día a día
Hay lesiones que duelen. Y luego están las pequeñas molestias que aparecen cada día y terminan agotándote. Cuando un adolescente tiene que utilizar muletas durante varias semanas, casi todo el mundo piensa en la pierna. Pero pocas personas hablan de lo que ocurre en los brazos.
Después de unos días empiezan las rozaduras. El plástico duro presiona siempre en el mismo sitio. El sudor hace que la piel se irrite. Cada apoyo vuelve a pasar exactamente por la misma zona. Y llega un momento en que duele casi tanto apoyar el antebrazo sobre la muleta como apoyar el pie en el suelo.
En niños mayores, adolescentes y adultos jóvenes que utilizan las muletas durante bastante tiempo —por una fractura, una cirugía, una lesión deportiva o una enfermedad neuromuscular— estas pequeñas molestias pueden hacer que utilicen peor las muletas o que intenten caminar sin ellas antes de tiempo.
A veces no hace falta cambiar de muletas. Basta con hacer que sean mucho más cómodas.
¿Cómo es este recurso de apoyo?
Se trata de un pack de dos fundas acolchadas para el apoyo del antebrazo de las muletas de codo abiertas. Están fabricadas en neopreno, incorporan una doble capa acolchada en la zona superior y se colocan introduciéndolas por la parte inferior del apoyo del antebrazo hasta quedar ajustadas. Los laterales elásticos ayudan a que se adapten mejor a la forma del soporte.
No modifican la estructura de la muleta ni su funcionamiento. Simplemente crean una superficie más agradable entre el plástico rígido y la piel.
Es importante comprobar antes de comprarlas que las muletas sean compatibles, ya que no sirven para todos los modelos. Algunas reseñas indican precisamente este aspecto como el principal inconveniente.