El contexto del día a día
Cuando un niño mayor o un adolescente empieza a utilizar muletas, casi toda la atención se dirige hacia la pierna lesionada. Pero, después de unos días, aparece otro dolor: las palmas se enrojecen, las muñecas se cargan, la presión se concentra una y otra vez en el mismo punto. Y cada trayecto hasta clase, cada pasillo del instituto o cada sesión de rehabilitación termina dejando las manos doloridas.
En una recuperación larga, las muletas no se utilizan solo unos minutos: se utilizan para ir al baño, para desplazarse por casa, para entrar y salir del coche, para acudir al colegio, al instituto o a rehabilitación y, en general, para intentar mantener una vida lo más normal posible. Y todo el peso que la pierna no puede soportar acaba trasladándose, en parte, a las manos y las muñecas.
Estas almohadillas para los mangos de las muletas no eliminan el esfuerzo de caminar, pero sí pueden hacer que cada apoyo resulte menos duro. A veces, una pequeña capa de acolchado es la diferencia entre terminar el día con las manos doloridas o poder seguir utilizando las muletas con más comodidad.
¿Cómo es este recurso de apoyo?
Es un pack de dos fundas acolchadas que se colocan alrededor de las empuñaduras de las muletas. Están fabricadas en neopreno e incorporan una pieza interna de silicona acolchada, cuya función es amortiguar parte del impacto y repartir mejor la presión sobre las manos y las muñecas.
Las fundas se ajustan mediante varias correas de velcro. Para colocarlas correctamente, KMINA recomienda fijar primero las correas más próximas al tubo, después las delanteras y finalmente las traseras. La apertura lateral permite apoyar la mano sin tener que forzar excesivamente la separación de los dedos y ayuda a mantener un agarre más natural.
No modifican la altura, la estabilidad ni el funcionamiento de la muleta. Su finalidad es hacer más cómodo el contacto entre la empuñadura rígida y la mano.