El contexto del día a día
Hay personas que dejan de ducharse con la frecuencia que desearían. No porque no quieran estar limpias. Ni porque hayan dejado de preocuparse por sí mismas. Sino porque ducharse se ha convertido en uno de los momentos más difíciles del día.
Levantarse de la cama. Sentarse en la silla de ruedas. Llegar hasta el baño. Volver a levantarse. Pasar al asiento de ducha. Mantener el equilibrio mientras alguien ayuda a quitar la ropa, lavar el cuerpo y secarlo. Después, repetir todo el proceso en sentido contrario.
Cuando existe debilidad, dolor, miedo a caer o una movilidad muy limitada, cada transferencia supone esfuerzo, inseguridad y una nueva ocasión para perder el equilibrio.
También supone exponerse.
Pedir ayuda para ir al baño o para lavarse afecta a una parte muy íntima de la vida. La persona puede sentirse observada, vulnerable o avergonzada. Quien cuida intenta hacerlo con respeto, pero también puede vivir cada movilización con el temor de que una rodilla falle, la silla se desplace o ambos terminen en el suelo.
Esta silla no elimina la dependencia. Pero permite hacer el proceso más sencillo. La persona puede trasladarse hasta el baño, ducharse y utilizar el inodoro permaneciendo en el mismo asiento. Menos cambios de silla significan menos maniobras, menos esfuerzo y menos momentos en los que alguien tiene que levantar o sujetar todo su cuerpo.
¿Cómo es este recurso de apoyo?
Es una silla multifunción que combina tres usos principales:
Está fabricada con una estructura de aluminio y dispone de un asiento acolchado con efecto memoria. La parte central del asiento puede retirarse para dejar accesible la abertura higiénica. Debajo puede colocarse la cubeta incluida, que se introduce y extrae por la zona posterior. También puede situarse la silla directamente sobre el inodoro cuando las medidas y la forma del WC lo permiten.
Dispone de cuatro ruedas pequeñas giratorias, cada una con su propio freno. La persona no puede impulsarla de manera autónoma: debe ser desplazada por un acompañante mediante las empuñaduras del respaldo.
El reposapiés es abatible. Puede levantarse para facilitar el acceso y bajarse durante el desplazamiento para que la persona no tenga que mantener los pies suspendidos ni corra el riesgo de arrastrarlos por el suelo.
¿Por qué la hemos elegido?
Porque evita que cada necesidad cotidiana obligue a organizar una sucesión de transferencias. Puede colocarse junto a la cama cuando llegar hasta el baño resulta difícil, utilizarse como silla con inodoro y trasladarse después hasta una ducha accesible. Si el WC es compatible, también puede colocarse directamente sobre él retirando la cubeta. Esto puede ser especialmente valioso cuando levantar a la persona requiere mucho esfuerzo o cuando cada movilización genera dolor, miedo o inestabilidad.
También nos parece relevante el asiento acolchado. Muchas sillas de ducha económicas utilizan superficies rígidas de plástico. En este modelo, tanto el asiento como los reposabrazos ofrecen un apoyo más cálido y amortiguado, algo que puede agradecerse cuando la persona necesita permanecer sentada durante todo el aseo.
No es una silla compleja ni incorpora sistemas avanzados de posicionamiento. Precisamente por eso puede encajar en hogares que buscan una solución relativamente ligera, sencilla de manejar y útil para varias tareas del cuidado diario.