El contexto del día a día
El día a día de un niño con baja regulación emocional es muy intenso, agotador y desafiante, tanto para él como para su entorno. No es que el niño "se porte mal" a propósito; simplemente su sistema nervioso se desborda con facilidad ante estímulos que otros niños manejan bien.
Desde que se levanta hasta que se acuesta, un despertar abrupto; una transición brusca de una actividad a otra; la sobrecarga y el esfuerzo del colegio; los conflictos en el recreo; el colapso postcolegio o la dificultad para dormirse pueden generar irritabilidad, batallas con las rutinas diarias cotidianas (resistencia a la higiene o al sueño); rigidez mental (si la taza de leche no es de su color favorito, puede desencadenarse una crisis de llanto o enfado); ansiedad por separación; frustración académica; fricciones y conflictos con sus compañeros; tensión acumulada; rabietas; hiperreactividad (un "no" de los padres, un ruido fuerte o el hambre actúan como detonantes de respuestas desproporcionadas)...
Todo ello, unido a su dificultad para calmarse, a su mente acelerada y a su culpa silenciosa (en momentos de calma, el niño suele sentirse mal por sus reacciones, lo que daña su autoestima si no se le acompaña con empatía.); se traduce en un efecto "olla a presión".
Para ayudarle mejor con esta situación, es importante proporcionarle estrategias y herramientas de regulación para aplicar y tratar de prevenir las crisis antes de que ocurra, así como realizar con él actividades para mejorar su lenguaje emocional.
¿Cómo es este recurso de apoyo?
Los Tubos Sensoriales Antiestrés ofrecen una experiencia visual y sensorial que invita a los niños a observar cómo los líquidos y elementos del interior se desplazan lentamente al girar o inclinar cada tubo. Cada uno presenta un efecto diferente, despertando la curiosidad y convirtiéndose en un recurso perfecto para el juego tranquilo, la exploración y la regulación emocional.
Su diseño es fácil de sujetar por manos pequeñas y permite utilizarlos en casa, en el colegio, en consultas de logopedia, terapia ocupacional, psicología o atención temprana a partir de los 3 años. También son un excelente recurso para los rincones de calma y los momentos en los que el niño necesita reducir la sobrecarga sensorial o recuperar la atención.