Lo hemos elegido porque reúne tres características que no siempre aparecen juntas: caucho natural, posibilidad explícita de exploración oral y seis texturas diferentes sin electrónica.
Para una familia cuyo hijo se lleva continuamente los objetos a la boca, esto cambia bastante la valoración. No estamos ante unas pelotas en las que tengamos que estar diciendo constantemente “eso no se muerde”, sino ante un producto que el propio fabricante ha pensado también para esa forma de exploración.
Y puede reducir bastante la frustración. Porque si tu hijo necesita explorar con la boca, ofrecerle objetos adecuados para ello suele tener mucho más sentido que pasar todo el día retirándole aquello que encuentra.
También nos gusta que permitan observar preferencias de una forma muy sencilla:
¿Qué relieve busca?
¿Cuál puede agarrar mejor?
¿Hay una que mastica más?
¿Prefiere hacerlas rodar?
¿Le gusta que se las envíes?
¿Quiere jugar solo?
¿Hay alguna textura que evita?
También valoramos muy positivamente el prestigio de Miniland, una empresa española con sede en Onil, Alicante, dedicada al desarrollo de juguetes y recursos educativos para familias y profesionales. La compañía cuenta además con líneas específicas de recursos educativos y productos dirigidos a personas con necesidades especiales.
No lo hemos seleccionado porque vaya a conseguir un determinado hito del desarrollo. Lo hemos elegido porque puede ofrecer una forma segura, sencilla y accesible de explorar mediante el tacto, el agarre, el movimiento y la boca dentro del rango de uso indicado por el fabricante.
Las Sensory Balls de Miniland pueden parecer similares a muchos otros sets de pelotas texturizadas, pero tienen una diferencia que nos parece importante: el fabricante confirma que están elaboradas en caucho 100 % natural y que su consistencia permite también la masticación por niños pequeños.
Para una familia cuyo hijo necesita explorar mucho con la boca, este detalle puede importar bastante. En lugar de estar continuamente apartando el objeto y diciendo “eso no”, podemos ofrecerle materiales que sí estén pensados para esa etapa y observar cómo los utiliza.
Además, siguen siendo pelotas: puede agarrarlas, hacerlas rodar, elegir entre ellas, meterlas en una cesta o simplemente quedarse durante un rato explorando una textura concreta.
Y ahí está probablemente su mayor fortaleza: permiten muchas formas de participar sin exigir una forma correcta de jugar.
Entre este set y el ECO Big Sensory Ball anterior, la diferencia es bastante clara: elegiríamos este Sensory Balls cuando el interés principal está en la exploración táctil y oral con seis pelotas de tamaño similar; el Big Sensory Ball tiene más sentido cuando interesa especialmente el contraste de tamaños y la actividad de meter las cuatro pelotas pequeñas dentro de la grande.