Equilibrio sentado
Antes de rebotar podemos simplemente sentarnos.
El niño aprende a mantener el cuerpo centrado mientras la pelota realiza pequeños movimientos.
Transferencia de peso
Podemos explorar:
un poquito a la derecha
volver al centro
un poquito a la izquierda.
El movimiento de la pelota hace visible la consecuencia.
Control del tronco
Si el tronco se desplaza demasiado, la pelota también.
El niño necesita realizar correcciones para mantenerse estable.
Uso de los pies como apoyo
Los pies pueden funcionar como puntos de seguridad.
Podemos observar cómo aprende a:
apoyar → empujar → frenar → recuperar.
Reacciones posturales
Cuando la pelota se mueve inesperadamente unos centímetros, el cuerpo debe responder.
Esto puede ayudar a practicar reajustes sin necesidad de preparar un circuito complejo.
Rebotar
Cuando el niño ya controla la posición:
flexiona las piernas → impulsa → rebota → aterriza.
La secuencia exige coordinación repetida.
Controlar la intensidad
Podemos probar:
rebotes pequeños
frente a:
rebotes más amplios.
El reto no es rebotar lo máximo posible, sino descubrir cuánto movimiento puede producir y controlar.
Parar
Una actividad interesante sería:
tres rebotes → parar completamente.
Pasamos de producir movimiento a frenarlo.
Anticipar
Con la práctica, el niño empieza a prever:
“si empujo más fuerte, la pelota responderá más”.
Eso permite ajustar la acción antes de ejecutarla.
Puede utilizarse con apoyo
Al principio un adulto puede sujetar ligeramente la pelota.
Después reducir progresivamente la ayuda.
No es necesario empezar con movimiento libre.
Puede añadirse una segunda tarea
Cuando el niño domina la postura:
lanzar una pelota pequeña;
tocar un objeto situado a un lado;
recibir algo con las manos.
Esto exige mantener el equilibrio mientras la atención se dirige a otra tarea.
Puede resultar especialmente interesante para algunos niños neurodivergentes
Puede encajar especialmente bien con niños que:
buscan saltar o rebotar;
disfrutan de movimiento repetitivo;
participan mejor mediante actividad física;
necesitan propuestas motoras simples;
disfrutan de patrones repetibles.
Para algunos niños autistas, el rebote repetitivo puede resultar especialmente motivador. Para algunos niños con TDAH, puede ser una forma atractiva de participar en una actividad que exige control corporal. Pero no la consideraríamos una pelota “para autismo” ni “para TDAH”. El encaje depende de que ese niño disfrute del movimiento y pueda utilizarlo de forma segura.