Lo hemos elegido porque combina tres tipos de exploración sin añadir complejidad electrónica:
El reflejo cambia cuando el niño mueve la pieza.
El sonido cambia según cuál elige.
La estabilidad cambia cuando intenta apilarlas.
Esto permite que la actividad nazca de la curiosidad del propio niño.
Puede que tu hijo no quiera construir una torre y prefiera pasar mucho tiempo girando una pieza para ver cómo cambia su reflejo. O quizá apenas mire la superficie y lo que realmente le interese sea descubrir cuál suena diferente. Ambas formas de participar son válidas.
También nos gusta especialmente el material: acero inoxidable, que es un material robusto, ligero, no poroso y duradero. Además, no incorpora químicos ni toxinas en estas piezas.
Asimismo, valoramos positivamente la trayectoria de TickiT, marca británica que pertenece a Commotion Ltd, compañía registrada en Inglaterra y Gales. Sus productos son diseñados, desarrollados, seleccionados o respaldados por un equipo de desarrollo de producto en Reino Unido y que llevan años utilizándose en escuelas y centros infantiles de distintos países. La distribución en la Unión Europea corresponde a Commotion (Europe) BV, con sede registrada en Países Bajos.
No los hemos elegido porque vayan a mejorar automáticamente la atención, el lenguaje o la integración sensorial. Los hemos seleccionado porque ofrecen una interacción sencilla, predecible y abierta que puede adaptarse a formas muy diferentes de explorar.
Los Sensory Reflective Sound Buttons de TickiT nos parecen especialmente interesantes porque consiguen ofrecer bastante juego con muy pocos elementos: tres piezas, tres sonidos, tres acabados reflectantes y ninguna electrónica. El niño puede agitarlos, compararlos, mirarse, girarlos, apilarlos o limitarse a utilizar siempre el mismo.
Y hay algo que valoramos especialmente: la respuesta del objeto depende directamente de lo que hace el niño. No hay una animación que comienza sola ni una canción que continúa durante treinta segundos. Lo mueve y suena; deja de moverlo y se detiene.
Para algunos niños, esa contingencia tan clara puede hacer que la actividad sea mucho más fácil de comprender. Además, frente a otros materiales sonoros de plástico, el acero inoxidable aporta una experiencia táctil y visual muy diferente: superficie lisa, reflejo deformado y una sensación material muy reconocible.
Los elegiríamos especialmente cuando buscamos un primer recurso de causa-efecto sonoro que también permita exploración visual y apilado, sin luces, pantallas ni componentes electrónicos que añadan más estímulos de los necesarios.