Lo hemos elegido porque plantea una idea bastante potente con un diseño muy sencillo: seis objetos que parecen prácticamente iguales, pero no responden igual. Eso convierte una acción cotidiana como rodar una pelota en una pequeña investigación.
Tu hijo puede descubrir:
Que una se desplaza recta y otra se desvía.
Que una produce ruido y otra se siente diferente al moverla.
Que el movimiento cambia aunque él realice una acción similar.
Que su reflejo se transforma al girar la bola.
Los diferentes sonidos resultan especialmente atractivos para niños con SEND y que el producto puede despertar curiosidad por cómo distintos materiales o mecanismos producen movimientos y sonidos diferentes.
También valoramos el material: la marca especifica acero inoxidable, construcción resistente, superficie no porosa y un peso suficientemente bajo para la manipulación infantil.
Asimismo, la marca británica TickiT es totalmente confiable. Pertenece a Commotion Ltd, compañía registrada en Inglaterra y Gales. Sus recursos son diseñados, desarrollados, seleccionados o respaldados por un equipo de desarrollo de producto en Reino Unido y que llevan años utilizándose en escuelas y guarderías de distintos países. En la Unión Europea, la distribución corresponde a Commotion (Europe) BV, registrada en Países Bajos.
No las hemos elegido porque sean “buenas para el autismo” o porque vayan a producir regulación sensorial. Las hemos seleccionado porque ofrecen propiedades físicas muy concretas que pueden encajar especialmente bien con niños que disfrutan descubriendo relaciones entre movimiento, sonido y consecuencia.
Las Sensory Reflective Mystery Balls de TickiT tienen algo que las diferencia bastante de una colección convencional de pelotas: la verdadera información del juguete no está en lo que vemos, sino en lo que ocurre cuando lo movemos.
Las seis tienen 10 cm, las seis son reflectantes y las seis parecen similares. Pero una se tambalea, otra se comporta de forma distinta al girarla y otras producen diferentes sonidos. Para un niño que disfruta investigando y repitiendo, esto puede dar bastante juego.
También nos parece un recurso interesante para determinadas neurodivergencias, especialmente cuando existen intereses claros por los objetos que ruedan, los reflejos, los patrones, la repetición o el causa-efecto. Pero aquí la individualización importa muchísimo: la imprevisibilidad que despierta curiosidad en un niño puede generar rechazo en otro.
Frente a las Mosaic Mystery Balls, estas tienen una ventaja clara si buscamos aislar mejor la variable “¿qué ocurre dentro?”: aquí las bolas tienen el mismo diámetro y una superficie esférica convencional, mientras que las Mosaic introducen además tamaños diferentes y un rodamiento alterado por sus facetas.
En RealNeeds escogeríamos este modelo cuando interesa especialmente que el niño pueda comparar seis respuestas diferentes partiendo de objetos exteriormente muy similares. Es un recurso sencillo, pero esa sencillez es precisamente lo que permite que la pregunta la formule el propio niño con sus manos: “¿Y esta qué hará?”